DESDE CHICA ME ENCANTA EL AMBIENTE DE NAVIDAD. TEMPRANO POR LA MAÑANA Y TARDE POR LA NOCHE, EL PAISAJE INVERNAL ES PACÍFICO Y SILENCIOSO. SUELE REFLEJAR MI ESTADO DE ANIMO. Y TODAS LAS LUCES Y LA CALIDEZ. PERO NO TE PREOCUPES: ESTE NO ES UN CUENTO NAVIDEÑO “FEEL-GOOD”. PARA ALGUNAS PERSONAS, LA NAVIDAD ES UNA ÉPOCA DE MIERDA. SI TE RECONOCES EN ESO, SIGUE LEYENDO.
Esta mañana al tomar mi primer café mis pensamientos me llevaron a cuando era una niña pequeña, en el cálido México. Me encantaba la Navidad. Desde entonces ha sido un tiempo de familia, de comida rica y de regalos. Mis Navidades cambiaron algo cuando llegué a los Países Bajos, pero siguieron siendo hermosas. Las luces. El calor de la chimenea. Decorar y preparar. Tiempo con familia y amigos. Chocolate, oliebollen(algo como churros, pero en bola, checa en Google). Recuerdos que sólo más tarde se vuelven recuerdos.
Pero te prometí que esto no sería un sermón positivo, y me gusta cumplir mi palabra. No escribo estas líneas para eso. Porque para muchas personas, la Navidad es una época dura. Para muchas, la Navidad es soledad. Cuando todas esas cosas bonitas no están presentes — o no son accesibles — Navidad es un vacío. Tal vez tristeza. Tal vez soledad.
Así fue el año pasado para mí. No porque me faltaran cosas materiales, sino porque yo sentía diferente. Todo era diferente. Mi entorno y yo aún estábamos ajustándonos a quien me había convertido. Mi energía era super baja, mi paciencia super corta. Tenía una anemia severa. No reconocía mi propio reflejo, con todas mis cicatrices y esa sensación de tener la cabeza de algodón. Todos los estímulos llegaban al mismo tiempo, todos juntos. Y a veces el silencio era ensordecedor — no ese silencio sereno y agradable, sino uno pesado y vacío. Estaba profundamente triste.
Lo pasé con muchas lágrimas y algunas risas. Y a veces con un oliebol. O con un abrazo de mis perritos. A veces eran ellos los únicos que no me juzgaban. O tal vez eran los únicos con quienes no me sentía culpable.
Aquí estoy
Y ese es el punto: lo sobreviví. Y mi entorno también. Estoy aquí — como una versión distinta de mí misma, física y mentalmente. O tal vez más cerca de quien siempre fui.
Estoy aquí otra vez.
Estoy aquí todavía.
Pero estoy aquí.
Para quien lee esto
Ojalá este tiempo pueda ser para ti un periodo de reflexión, de recuperación física, de descanso — antes de que llegue la floración de la primavera a tí. Con toda la calidez y las cosas bonitas que la acompañan.
Pero si sientes que las lágrimas están más cerca que la risa. Si te sientes solo o sola — incluso en una habitación llena de gente — ten valor. Confía en tu espíritu. Y envíame un mensaje.
Porque no estás solo. Tú también puedes con esto.
Ahora sé que la fuerza vital y las ganas de vivir pueden ser más fuertes que los momentos de soledad. Y aquí estamos.

Te reconoces en mi historia?
Si mi historia te ha tocado, quizá reconozcas algo de ti en ella, o sientas la necesidad de que alguien escuche la tuya. No lo dudes: escríbeme.
Siempre hay espacio para conversar.
Desde mi diagnóstico me dedico al estudio y a la práctica del acompañamiento en procesos de duelo o transformación profunda. Me mueve el deseo de aliviar y sostener a personas que viven momentos de gran adversidad.
Instagram: alba.espinosa.vd.bunt






































